¡Cuidado emprendedoras!
Menor acceso a financiamiento que los hombres, dificultad para participar en rubros no femeninos y la necesidad de compatibilizar empresa y familia son las barreras que enfrentan día a día las emprendedoras chilenas.
Tirarse a la piscina y lograr cruzarla con una empresa a cuestas es una tarea difícil, pero si ademas te tocó ser mujer, la cosa se vuelve color de hormiga. En Chile, como buen país en vías de desarrollo, a las emprendedoras les toca aún más duro que a los hombres: tienen que ser capaces de demostrar que pueden patalear aun si tienen los pies atados.
Según coinciden tanto en Adimark como en el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), Chile es una nación bastante peculiar con sus mujeres. Puede ser que su raigambre machista las favorezca si quieren que un hombre les abra la puerta al bajarse de su auto, pero si su intención es franquear las puertas de la actividad económica, el espacio es bastante estrecho. En pleno 2002, sólo el 35% de las mujeres chilenas en edad de trabajar lo hace, en circunstancias de que en Latinoamérica supera el 45% y en Estados Unidos el 60%.
Y eso sólo para empezar. Porque en estas latitudes una mujer no sabe con seguridad ni siquiera si lo que tiene realmente le pertenece. Según el régimen matrimonial tradicional de sociedad conyugal - al que entre 2000 y 2002 adhirieron entre 65% y 67% de los enlaces en Chile, o sea, unas 40.000 jóvenes al año- , es el hombre el administrador de los bienes de la pareja, nunca a la mujer.
Si bien existe un patrimonio reservado de la mujer casada, para el Sernam se transformó en una bandera de lucha que un tercer régimen matrimonial - repartición de los gananciales- pusiera un verdadero contrapeso al hombre y la mujer. Actualmente, ya estudia perfecciones
Para ellas... no alcanza
Si se sobrepuso a lo anterior, y tiene una buena idea para lanzar un negocio, va a tener que saltar la primera valla: el financiamiento. Según cuenta en el Club de Mujeres Empresarias la directora Francisca Valdés, a cualquier mujer que busca un crédito le piden además de sus antecedentes, el perfil comercial de su marido, lo que no ocurre en el caso inverso. Es la situación habitual que enfrentan las mujeres más bien acomodadas, que buscan a través de su empresa una actividad con un horario compatible con la familia.
Del otro extremo socioeconómico, la gerente general de Finam, Isabel Infante, cuenta que la creación de su división de microcrédito se debe precisamente a la enorme cantidad de jóvenes madres sin pareja que recurren al emprendimiento como vía de hacer frente a su condición, y que no tienen cabida ni en la banca privada ni en los instrumentos públicos de fomento. En Chile son esas familias las que tienen mayor riesgo de caer en la pobreza.
En el Sernam, Silvia Venegas agrega que la barrera de acceso al financiamiento que enfrentan las mujeres no tiene explicación técnica, ya que su comportamiento comercial es incluso mejor que el de los hombres.
Según muestran cifras recopiladas por la Superintendencia de Bancos, la deuda promedio de una mujer en la banca es $4 millones, mientras que la de un hombre sube a $6,9 millones, lo que muestra menor endeudamiento en las mujeres.De estas deudas, además, los créditos comerciales - destinados a empresas- de una mujer suman $2,6 millones. En el caso de los hombres, en cambio, alcanza a $5,9 millones, lo que evidencia la diferencia de acceso.
Más aún, la cartera vencida de las mujeres representa 1,6% de su deuda total, mientras que en el caso de los hombres llega a 2,3%. De eso se desprende que las mujeres a las que prestan los bancos son más cumplidoras que los hombres, o sea, que a las que consiguen fondos de la banca se les exige un perfil comercial más estricto.
De riesgos y biberones
Pero el dinero no compra la felicidad, ni tampoco una empresas. En los negocios son ahora factores culturales los que entorpecen la participación de las mujeres.
Lo primero que menciona Venegas es que de partida el mundo de los negocios se asume como masculino, no femenino, y por eso se parte de la base de que las mujeres cuentan con menos aptitudes. A ello se suma que hay ciertos oficios que se identifican con un género en particular: una mujer se piensa que es buena cocinera o costurera, pero difícilmente podría desarrollar softwares o dedicarse a la bioquímica.
En la cultura nacional, según la experiencia del Sernam, las empresas femeninas suelen estar ligadas a oficios que se ven como una extensión del rol doméstico, y por eso se concentran en la confección, decoración o gastronomía. En Finam coinciden al mostrar que sus créditos van mayoritariamente a esas actividades.
El factor cultural, eso sí, no afecta sólo la mentalidad de los hombres: también la de las mismas mujeres. Según concluyen en el Club de Mujeres Empresarias y en Finam, las mujeres suelen tener mayor aversión al riesgo que los hombres, lo que se percibe en los negocios como una barrera hacia las ambiciones que tienen con sus empresas.
Y es que hay factores naturales. Para una mujer prevalece su intención de privilegiar el cuidado de los hijos antes que el de la empresa.
Chicas superpoderosas
No todo es desventaja cuando una mujer busca cursar los cielos de los negocios y transformarse en el paladín de su empresa. Según datos que maneja el Sernam, la mujer cuenta con una serie de ventajas naturales y culturales:
Más responsabilidad: Debido a su disposición natural hacia la maternidad, las mujeres suelen tener una actitud más responsable a la hora de cumplir con los compromisos empresariales y financieros.
Multifuncionales: Estudios habrían comprobado la capacidad de las mujeres de prestar atención a múltiples actividades a la vez, lo que es fundamental para conciliar las exigencias de un negocio.
¡Entre todas!: Otras evidencias científicas y laborales mostrarían que las mujeres tienen una mayor disposición a trabajar en equipo, lo que ayuda en las grandes tareas.
Sabías que...
SÓLO 35% de las chilenas trabaja, mientras que en EE.UU. son 60%.
Texto publicado en www.ceo.cl/609/article-29366.html



Comentarios recientes